El significado oculto detrás de la palabra «psicodélico»

Psicodélicos: esta palabra probablemente te evoca toda clase de imágenes e ideas. Pero ¿de dónde viene en realidad este término tan peculiar? En este artículo damos un paso atrás y exploramos el significado original de la propia palabra «psicodélico», como introducción para entender estas fascinantes sustancias.

Los nombres antes de que se acuñara «psicodélico»

Mucho antes de que se acuñara el término, las plantas y sustancias químicas con efectos extraordinarios sobre la mente y la percepción recibían nombres centrados en sus efectos mentales aparentemente extraños. A lo largo de los años cuarenta y cincuenta se las llamaba «alucinógenos», es decir, sustancias capaces de generar alucinaciones o visiones desligadas de la realidad. Otros las denominaban «psicotomiméticos», un término que sugería que podían imitar la psicosis al producir delirios o hacer ver cosas que no estaban allí.

Ambas terminologías tenían connotaciones abiertamente negativas de enfermedad mental y patología. Sin embargo, algunos pioneros que investigaban estas sustancias en aquel momento creían que había mucho más valor por descubrir si conseguían comprenderlas mejor.

Humphry Osmond y la búsqueda de una nueva palabra

Uno de aquellos pioneros fue Humphry Osmond, un psiquiatra británico-canadiense que trabajaba en los años cincuenta. En 1956, Osmond preparaba una presentación para un próximo congreso sobre un grupo de fascinantes sustancias químicas y naturales que había estado estudiando, entre ellas la mescalina, el LSD y los hongos de psilocibina. Quería encontrar un nuevo nombre para estos compuestos que no evocara ideas de enfermedad o psicosis.

Después de barajar muchas posibilidades, se decantó por un término que inventó él mismo: psicodélico. Si descomponemos su etimología, combina la raíz griega «psyche», que significa mente, alma o espíritu, con «deloun», que se traduce como revelar, manifestar o hacer visible. En conjunto, el neologismo significaba «que manifiesta la mente» , un concepto que, en opinión de Osmond, captaba verdaderamente el potencial de estas sustancias.

En un dístico rimado incluido en su correspondencia con el escritor Aldous Huxley, Osmond resumió con elegancia su nueva palabra:

«Para sondear el infierno o volverte angélico, basta con una pizca de psicodélico.»

Implicaciones del término psicodélico

Osmond creía que los psicodélicos eran prometedores no solo en medicina y ciencia, sino también en campos como la psicología, la filosofía, el arte y la religión. La palabra reflejaba su convicción de que no eran simples psicotomiméticos, sino que tenían implicaciones mucho más amplias para la mente y el espíritu humanos. El término cuajó rápidamente y ha resistido el paso del tiempo, modelando nuestra comprensión de esta categoría de compuestos durante más de medio siglo.

Otros nombres y significados

Aunque «psicodélico» se ha convertido hoy en el nombre predominante, estas sustancias han recibido muchas otras etiquetas a lo largo del tiempo. La variedad de términos da fe de la complejidad y el abanico de efectos que pueden producir los psicodélicos.

Phantastica

Uno de los primeros nombres fue «phantastica», acuñado a principios del siglo XX por un farmacólogo alemán. Derivado de la misma raíz que «fantástico», subrayaba la naturaleza visionaria y mística de la experiencia psicodélica. La palabra nunca llegó a imponerse del todo, pero captó un aspecto importante de estas sustancias.

Alucinógeno

El término «alucinógeno» apareció en los años cincuenta, utilizado por Humphry Osmond y sus colegas. Como hemos comentado, implica que estos compuestos pueden generar alucinaciones, es decir, percepciones sensoriales no vinculadas directamente a un estímulo externo. Aunque a veces se usa de forma intercambiable con «psicodélico», las alucinaciones son solo uno de los posibles efectos entre muchos.

Psicotomimético

Con el sentido de «que imita la psicosis», «psicotomimético» es otro término polémico y limitante. La psicosis implica una desconexión de la realidad compartida, incluidos delirios y alucinaciones. Aunque los psicodélicos puedan inducir brevemente estados parecidos, equiparar la experiencia con una psicosis en toda regla resulta engañoso.

Enteógeno

«Enteógeno» se propuso en los años setenta, con el significado de «generar lo divino en uno mismo». Esta palabra subraya las capacidades espirituales y místicas de los psicodélicos para conectar a quien los toma con nociones de lo sagrado. A diferencia de «psicodélico», que se centra en la mente, «enteógeno» apunta de forma más directa a las experiencias trascendentes o religiosas que estas sustancias pueden catalizar.

Empatógeno y entactógeno

Por último, «empatógeno» y «entactógeno» se introdujeron en los años ochenta para describir drogas como la MDMA. Hacen referencia al aumento de empatía y apertura emocional que producen estos compuestos concretos. Aunque no son psicodélicos clásicos, ponen de relieve su capacidad para reforzar la cercanía interpersonal.

No existe un término perfecto que abarque toda la amplitud de las sustancias psicodélicas. Sin embargo, explorar la diversidad de nombres y significados no hace más que iluminar la naturaleza profunda de estos fascinantes compuestos químicos.

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