Felix podía sentir cómo le latía el corazón cuando las primeras olas de la psilocibina comenzaron a hacer efecto. Era la primera vez que probaba los «hongos mágicos» (magic mushrooms/trufas), y no tenía ni idea de qué esperar. Su amigo Darren, un psiconauta experimentado, había conseguido los hongos y había accedido a guiarle en este primer viaje psicodélico.
Tras meses leyendo informes de viajes y escuchando las historias de Darren, Felix sentía que se había preparado mentalmente. Pero cuando los colores de su sala de estar empezaron a retorcerse y a respirar, se dio cuenta de que ninguna cantidad de lectura podría haberle preparado para lo profundamente que esta experiencia iba a desafiar su agarre a la realidad.
Durante las siguientes horas, Felix se disolvería en visiones místicas, enfrentándose a sus miedos más profundos y alcanzando estados elevados de conciencia que nunca creyó posibles. En el pico, Felix sería catapultado a otra dimensión, donde el cielo y el infierno se combinaban en un caleidoscopio agitado de espacio y tiempo infinitos.
Pero antes de llegar a tal terreno alucinante, Felix tenía que navegar el acto inicial más suave del viaje. Pronto las distorsiones visuales darían paso a olas de euforia, lanzando a Felix al caos colorido que le esperaba en el pico.
Felix ha tomado psicodélicos más de 100 veces, pero en 2012 era la primera vez que se adentraba en el vasto mundo de los psicodélicos.
Ingerir hongos que contienen psilocibina
Felix miraba fijamente la bolsa de hongos secos sobre la encimera de la cocina. Según Darren, contenía unos 2 gramos de Psilocybe cubensis seco: una dosis moderada pero suficiente para impulsarle por primera vez al espacio psicodélico. Felix sentía cómo crecía dentro de él una emoción nerviosa.
[la dosificación y la potencia varían considerablemente entre lotes y tipos de hongos/trufas (esclerocios), ten en cuenta que estamos hablando de aproximadamente el 50% de una dosis alta]
Tras unas últimas palabras tranquilizadoras de Darren, Felix cogió la bolsa y vertió el contenido sobre su lengua. El sabor era terroso y amargo, nada parecido a lo que esperaba. Felix lo pasó rápidamente con un poco de agua y esperó.
Darren, el tripsitter para esta primera experiencia, le recordó que tardaría unos 30-60 minutos en empezar a sentir los efectos. Le dijo que se relajara y pusiera algo de su música favorita. Felix preparó una lista de reproducción y trató de calmar su mente. Estaba ansioso pero también profundamente curioso por lo que estaba por venir.
A medida que pasaban los minutos, Felix se encontró perdiéndose en la música. Su pie empezó a marcar el ritmo de forma incontrolada. «Creo que está empezando», dijo con una sonrisa. Darren le sonrió de vuelta y le dijo que respirara. Los hongos estaban haciendo efecto.
La subida psicodélica
Unos 45 minutos después de ingerir los hongos, Felix notó que los efectos se instalaban. Los colores de la habitación empezaban a parecer más vivos y saturados. Los patrones del sofá y de la pared comenzaron a desplazarse y a respirar sutilmente. Felix sintió una energía creciente en su cuerpo, como si vibrara desde dentro.
«¿Cómo te sientes?», preguntó Darren. «Los colores… todo se ve tan increíble», dijo Felix con asombro. Se levantó para mirar más de cerca un tapiz colgado en la pared. Las formas geométricas giraban lentamente. Los pensamientos de Felix empezaron a acelerarse mientras los cambios visuales se intensificaban.
Tras aproximadamente una hora, Felix sintió que su sentido de la perspectiva empezaba a cambiar. La habitación parecía a la vez más pequeña y más grande. «Creo que ahora me está pegando de verdad», dijo Felix mientras una ola de euforia lo invadía. Empezó a reírse de forma incontrolada. Darren sonrió y le dijo que disfrutara del viaje.
Felix se recostó en el sofá, maravillado del mundo que lo rodeaba. Sus sentidos se sentían electrificados: los sonidos eran más nítidos y los colores brillaban con intensidad. Estaba abrumado por la belleza que le rodeaba. A medida que la sustancia tomaba más fuerza, Felix se rindió por completo a la experiencia.
La euforia que sentía Felix no se parecía a nada que hubiera experimentado antes. Se sentía a la vez completamente energizado y profundamente relajado.
Sin embargo, había una ligera sensación de inquietud bajo las sensaciones beatíficas. Felix se hizo consciente de su respiración y de los latidos de su corazón, que parecían más fuertes y rápidos de lo normal. También notaba su estómago revuelto y haciendo ruidos.
«Me siento increíble pero también un poco mareado y tembloroso», le dijo Felix a Darren. «Es normal; solo respira a través de ello», le tranquilizó Darren.
Felix se concentró en tomar respiraciones lentas y profundas. A medida que se sintonizaba más con su cuerpo, la incomodidad comenzó a disminuir. En su lugar surgió un asombro abierto, casi infantil.
Felix miraba por la habitación, apreciando todos los pequeños detalles que normalmente pasaba por alto. Las vetas de la mesa de madera, la danza del polvo a la luz del sol, el sonido de los carillones de viento fuera: todo era tan hipnotizante.
Tras superar la carga corporal inicial, Felix se sintió listo para rendirse plenamente a la experiencia. Podía sentir cómo el hongo alcanzaba su potencia máxima dentro de él. Con fascinación y coraje, esperaba el punto álgido del viaje.

El pico del viaje
Después de unas dos horas, Felix se asentó en los efectos máximos del viaje con hongos. Mientras miraba por la habitación, el campo visual empezó a doblarse y a respirar al compás de su respiración. Las paredes ondulaban con movimientos circulares, y cada superficie se volvía fluida.
«Se está poniendo tan intenso ahora», gritó Felix con alegría. Darren le recordó que bebiera agua y se relajara. Felix se recostó y cerró los ojos. Vívidos patrones geométricos y colores se arremolinaban en el interior de sus párpados.
Mientras Felix soltaba el control, los límites entre él mismo y el mundo exterior se disolvían. Su sentido normal del yo y de la identidad comenzaba a desintegrarse y a fundirse con su entorno. Se sentía conectado a todo y a todos.
Profundas revelaciones sobre la naturaleza de la conciencia y de la realidad recorrían la mente de Felix. Los misterios de la vida parecían aprehensibles en este espacio, pero a la vez seguían siendo esquivos.
El tiempo se estiraba indefinidamente. Felix perdió la noción de si pasaban minutos u horas. Se sumergió en un estado místico, a la vez aterrador y exquisito. Con la presencia tranquilizadora de Darren a su lado, Felix confió en la sabiduría de la experiencia.
A medida que Felix se sumergía más en reinos místicos, su visión se vio desbordada por una geometría caleidoscópica en cambio constante. Surgían fractales y simetrías en perpetua mutación, transformándose en extrañas vistas alienígenas y paisajes fantásticos.
Felix sintió ahora cómo su ego se disolvía por completo. Se convirtió en uno con el continuo de energía que conecta a todos los seres. Aunque ya no podía distinguirse como individuo, Felix tenía una conciencia profunda de la unidad fundamental del universo.
En este espacio más allá del tiempo y de la identidad, Felix fue confrontado tanto con la eternidad blanca y resplandeciente del cielo como con el caos negro e infinito del infierno. Se dio cuenta de que eran una sola y misma cosa: diferentes facetas de la conciencia universal.
Felix fue catapultado a través de túneles de redes galácticas, presenciando la vastedad infinita del espacio. Se le mostraron verdades sobre los ciclos de creación y destrucción que construyen la realidad.
A ratos, la intensidad de todo aquello desbordaba a Felix. Pero la energía arraigada de Darren le impedía perderse demasiado. Felix logró entregarse a la experiencia, confiando en su flujo y reflujo.
Tras una eternidad, Felix empezó a sentir cómo las energías se asentaban. Los visuales se suavizaron a medida que su ego comenzaba a reformarse. El pico estaba cediendo ahora, la lección ya había sido revelada. Felix se sentía preparado para reintegrarse a la conciencia ordinaria, cambiado pero renovado.

Bajando del pico
Tras tres horas de intensa experiencia psicodélica, cuatro horas después de ingerir los hongos, Felix empezó lentamente a sentir cómo los efectos disminuían. Las distorsiones visuales se calmaron y su sentido del yo comenzó a regresar. Era como despertar de un sueño sin fin.
A medida que el pico se disolvía, Felix pudo procesar y dar sentido a las visiones que había encontrado. Sentía una claridad cristalina sobre lo que realmente importa en la vida. Una inmensa sensación de gratitud lo invadió.
Aunque el mágico reino caleidoscópico había desaparecido, el mundo alrededor de Felix seguía pareciendo radiante y nuevo. Los colores se mantenían vivos y todo parecía brillar desde dentro.
Aunque la intensidad había pasado, Felix seguía sintiéndose tocado por la conciencia mística a la que había accedido. Estaba agradecido por esta ventana a una realidad más allá de su percepción cotidiana.
Mientras Felix integraba la experiencia, se sentía positivamente cambiado. Resolvió llevar este estado mental ampliado a su vida diaria. Felix sabía que las verdades más profundas que se le habían revelado se desvanecerían lentamente en los rincones de la memoria.
Aun así, esperaba conservar el renovado sentido de asombro infantil, interconexión y alegría que la psilocibina había desenterrado. Con paciencia e intención, podría integrar este viaje en su ser.
Felix se volvió hacia Darren con una mirada de amor puro. Le había mostrado una belleza increíble y una autorrealización interior. Compartieron una risa, listos ahora para saborear el resplandor posterior de lo que habían vivido juntos.
Mirando atrás al primer viaje psicodélico
El viaje psicodélico nunca termina.
Ha pasado más de una década desde aquel primer baile con la psilocibina. Todavía recuerdo los visuales caleidoscópicos y las intuiciones místicas como si hubieran ocurrido ayer. Mi viaje con Darren abrió puertas en mi mente que ampliaron mi perspectiva de forma permanente.
A lo largo de los años, he hecho muchos más viajes a los reinos psicodélicos. Cada uno ha brindado lecciones exigentes pero profundas sobre la conciencia y nuestra conexión los unos con los otros y con el universo.
Integrar estas experiencias en mi vida sobria me ha permitido vivir con mayor creatividad, empatía y sentido de propósito. Mi miedo a la muerte ha disminuido. Me siento mucho más consciente de cada fugaz momento presente.
Sin embargo, algunas de las verdades más trascendentes que vislumbré se han desvanecido en impresiones vagas. Ningún despertar místico te exime del ciclo humano de olvidar y recordar.
Aun así, en ciertas noches tranquilas, sintonizo con mi respiración y entro en estados de meditación que devuelven destellos de aquel primer viaje. En esos momentos, accedo a la realidad mayor detrás del velo, al potencial infinito de la red cósmica.
Lo que más importa es absorber cada experiencia, integrarla y permitir que guíe mi camino. El viaje psicodélico nunca termina. Solo fluye y refluye. Estoy agradecido por estos regalos que me reúnen con el yo eterno y más íntimo, aunque sea momentáneamente.
[esta historia es una recreación del primer viaje de Floris, contada a través de los ojos de Felix, uno de los personajes que ayudan a explicar los psicodélicos a través de historias]

